Evolución socioeconómica del turismo.
El turismo en sus inicios se concibe como un vehículo de evasión; de alejarse de la vida banal y disfrutar del ocio fuera del hogar y de la ciudad. Los griegos, grandes amantes del turismo cultural, acudían en masa a la celebración, en Olimpia, de los Juegos Olímpicos. También eran usuales las peregrinaciones religiosas, principalmente hacia los oráculos de Delfos y Dódona. Su interés por la cultura se hizo patente en la participación en actividades teatrales y la asistencia a los grandes teatros al aire libre.
Los romanos añadieron a esta idea el concepto de turismo de placer, esto es, los baños termales. Se constituían como medio de relax, de evadirse del daño que sufría el cuerpo y que perjudicaba el equilibrio entre mente y cuerpo. A este tipo de turismo de relax se añadieron otras formas de entretenimiento: combates de gladiadores y carreras de cuádrigas. Debido a la prosperidad económica, y al desarrollo y mejora de las vías de comunicación, el turismo poco a poco comienza a adquirir mayor importancia y trascendencia sobre la economía y su desarrollo se une de forma permanente al desarrollo y mejora de la economía y de las comunicaciones.
Debido a la gran conflictividad y la inestabilidad sociopolítica y económica que padece Europa durante la Edad Media, el turismo se ve condicionado irremediablemente y reducido a las peregrinaciones religiosas, debido, principalmente, a la importancia y valor que tiene la Iglesia en este período. El ejemplo más carácterístico de este tipo de turismo es el Camino de Santiago. Estas rutas de peregrinaje favorecieron el desarrollo de nuevas vías, debido a la necesidad de conectar pueblos y ciudades que atraviesan estas rutas. Asímismo, desde un punto de vista cultural y artístico , estas rutas religiosas favorecieron la difusión de los estilos artísticos y manifestaciones culturales por Europa. El románico y el gótico se extienden a lo largo de estas rutas, conformando grandes centros cristianos en forma de catedrales. Es el período en el que las grandes órdenes religiosas copan el desarrollo cultural y las grandes teorías teocéntricas en el ámbito de la filosofía.
En la Edad Moderna empieza a difundirse el concepto de hoteles como lugares de albergue de peregrinos y de viajeros. Este hecho supone un antes y un después en el desarrollo y evolución del turismo; no sólo como actividad de esparcimiento y desconexión, sino también como un negocio global y con futuro. Por otro lado, el incremento del interés por las expediciones marítimas influyen decisivamente en la globalizaión y aparición de varios estilos de ocio y turismo.
Y llega el cambio decisivo. El gran salto de lo que fue el turismo fue a cómo lo conocemos hoy se configura en la Edad Contemporánea. El vertiginoso desarrollo económico e industrial modifica la forma de hacer turismo: las vías de comunicación se globalizan, los medios de transporte se vuelven más eficientes y extendidos; nacen nuevos vehículos, nuevas formas de energía y su implantación en los medios de transporte transforma el modo de desplazarse, se hace más rápido y económico. El nivel de vida de la población aumenta y, con la burguesía o clase media ya afianzada y con poder económico, el turismo adquiere cotas enormes, situándose como la actividad económica con mayor desarrollo. Nacen las agencias de viaje, se va generalizándose el uso del avión como medio de transporte . La aparición del estado de bienestar favoreció el interés por conocer culturas y viajar, mientras que la producción de coches en cadena abarató el acceso a los medios de transporte. Las crisis económicas y energéticas redujeron la importancia y accesibilidad al sector turístico, pero con el desarrollo económico posterior y los tratados europeos que favorecieron la globalización y eliminaron controles fronterizos, el turismo ha crecido y se ha desarrollado de forma profunda hasta se lo que conocemos hoy: un modo de vida.
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